29Jul 08

Virgilio Viétez, el legado de un fotógrafo discreto

Quizá porque ha fallecido hace sólo unas semanas hoy se me ha ocurrido hablaros sobre Virgilio Viétez, un fotógrafo como pocos que se especializó en la fotografía de retrato. Nacido en 1930, este gallego logró eternizar a la gente y sus costumbres, la geografía del lugar, las emociones y la vida de la mano de su cámara Kodak de formato 6×9, con la que comenzó a tomar sus fotografías cuando la adquiririó en 1949 en el pueblo del Pirineo aragonés.

Uno de sus grandes méritos es que no nació en el seno de una familia de la gran ciudad sino en una aldea de Pontevedra y sufrió una infancia dura, típica de esos tiempos. Luego de emigrar a Santiago de Compostela finalmente desembarcó al Pirineo, donde, curiosamente, trabajó en el teleférico hasta que viajó hasta Palamós y se topó con el fotógrafo Julio Pallí, quien le enseñó los secretos del laboratorio y de la fotografía. A partir de allí su carrera cobró vuelo, primero desde su estudio y a través de las fotografías de carnet y de bodas y luego ocupándose de sus lugares y de su gente de la mano de su Rollei.

Rostros, paisajes, atmósferas, expresión, hacia allí fue la mirada de Viétez. Si bien su fuerte fue la fotografía blanco y negro, en los ´70 lo intentó con el color. Cuando llegó la década del ´80 decidió suspender su actividad y su hija comenzó a llevar adelante el estudio, quien se encargó de dar a conocer su trabajo.

Vía: El mundo




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